• susanamezquida

Y de camino al cole, se despista la autoestima

Maya era una bebé despierta, inteligente, curiosa, sonriente, nació con todas las cualidades de un ser humano capaz de desenvolverse en el mundo, en una familia que la esperaba con mucha ilusión.

Maya siempre fue sensible, se daba cuenta de cómo se sentían sus padres sin necesidad de preguntarles, si se preocupaban o estaban enfadados, trataba de distraerles con sus juegos, de sacarles una sonrisa, y siempre lo conseguía.

Su entrada en Educación Infantil llegó con ilusión por su parte, amiguitos nuevos y aprender a leer y escribir.

Maya siempre quiso complacer a sus padres, conseguir su admiración, como cuando daba sus primeros pasos y dijo sus primeras palabras, o se tiró la primera vez por el tobogán del parque.

Maya también tuvo sus rabietas, cuando deseaba que le compraran algo o seguir delante de la tele, pero le duraba poco, enseguida entendía que no lo iba a conseguir y cesaban sus gritos.

En el cole empezaron a llamarla la atención porque no paraba quieta, no se sentaba bien, el lápiz se le caía de las manos, su atención era muy dispersa, pero todo empeoró al año siguiente, cuando llegaron las primeras letras, al principio le encantaba la idea de aprenderlas, pero a lo largo de los cursos, los demás niños se las aprendían y ella no, al finalizar Educación Infantil, con 5 años, todos podían leer menos ella, que además odiaba que intentaran enseñarla.

Maya pensaba que algo le ocurría, que era tonta, lo que le decían era que no se esforzaba lo suficiente. Pero Maya si se esforzaba, y simplemente, no lo conseguía, lloraba y se ponía muy nerviosa.

Su madre pasaba todas las tardes desesperada sentada a su lado con el cuaderno. Su padre se enfadaba más, tratando de hacer que entendiera.


Maya ha derramado muchas lágrimas delante de muchos cuentos, demasiados, para que esos cuentos le inspiren algún tipo de interés por acercarse a ellos.

Se siente culpable de ver sufrir a sus padres, ya no están siempre felices con ella como cuando era pequeña y era “normal”.


Esta es la historia de muchos niños. 
Su autoconcepto y su autoestima se ven seriamente dañados durante estos primeros años de escolarización. A lo largo de los años su interés por la lectura será prácticamente nula porque está vinculada a un aprendizaje traumático.

En realidad son niños inmaduros que necesitan más tiempo para poder aprender. Su cerebro no está aún listo. Suelen ser nacidos a final de año, o adoptados con poca estimulación previa, o bien simplemente no ha llegado su momento. 


El daño a nivel psicológico a estas edades es enorme, construyen una idea limitante de sus propias posibilidades para aprender, puesto que el esfuerzo no está vinculado a resultados. El esfuerzo y la motivación pierden sentido y en muchos casos pueden llevar a un futuro fracaso escolar.


Esa primera experiencia de aprendizaje debe estar cuidadosamente planificada y adaptada a cada niño/a. Si nuestro hijo/a no está preparado para aprender, hay que realizar una valoración neuromotora y saber las causas. 
El “ya madurará” puede tener consecuencias para su autoestima.
En Pedagogía Madrid podemos averiguar los motivos de sus dificultades y trabajar en su proceso madurativo mediante una estimulación adecuada y personalizada.


Susana Mezquida Pedagoga - Especialista en Neurodesarrollo


26 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo
Una chica natural